Buscar este blog
Desarrollo motor y neurodesarrollo infantil basado en evidencia. Estimulación temprana respetuosa, movimiento libre y crianza consciente, sin sobreestimular.
Lo más leído de Oveja Negra
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
¿Estoy ayudando demasiado a mi bebé? Cuando ayudar puede interferir sin que te des cuenta
Tu bebé está en el piso. Tiene un juguete a pocos centímetros, lo mira, estira el brazo, cambia un poco el apoyo del cuerpo y parece hacer un esfuerzo enorme para algo que, desde afuera, parece muy simple. Entonces aparece una reacción casi automática: acercarle el objeto. No lo hacemos porque queramos impedirle aprender, sino exactamente por lo contrario. Queremos ayudarlo, evitarle frustración, facilitarle las cosas y sentir que estamos acompañando su desarrollo. Sin embargo, hay una pregunta que puede cambiar completamente nuestra forma de mirar estos momentos: ¿qué pasa si algunas de las ayudas que damos tan rápido interrumpen una experiencia que el bebé estaba empezando a resolver por sí mismo?
No se trata de culpar a los padres ni de empezar a controlar cada gesto. Casi todos hemos acercado un juguete, colocado a un bebé en una postura, sostenido su cuerpo para ayudarlo o intentado mostrarle “cómo se hace”. Durante años, además, la crianza estuvo muy asociada a la idea de estimular: estimular para que se siente, estimular para que gatee, estimular para que camine, estimular para que alcance antes el siguiente paso. El problema aparece cuando, casi sin darnos cuenta, empezamos a mirar más el resultado que el proceso. Queremos ver la postura final, el logro visible, el hito que podemos reconocer. Pero gran parte del desarrollo motor sucede justamente en esos pequeños intentos que muchas veces parecen no conducir a nada. Cuando el bebé cambia un apoyo, gira un poco el torso, mueve una pierna o vuelve a intentar llegar a un objeto, está recibiendo información sobre su propio cuerpo, la distancia, la superficie y las consecuencias de sus movimientos.
El desarrollo no ocurre solamente cuando aparece un nuevo hito
Una de las dificultades de acompañar el desarrollo de un bebé es que los adultos solemos medirlo con preguntas muy concretas: ¿ya sostiene la cabeza?, ¿ya se da vuelta?, ¿ya se sienta?, ¿ya gatea?, ¿ya camina? Son preguntas normales y forman parte del seguimiento del crecimiento. Pero cuando se convierten en el centro de nuestra atención pueden generar la sensación de que cada etapa es una sala de espera hasta que llegue la siguiente. Entonces aparecen las comparaciones, los calendarios, las aplicaciones que dicen qué debería hacer según su edad y la preocupación cuando nuestro bebé parece ir por otro camino.
El desarrollo motor sigue ciertas secuencias generales, pero cada bebé puede recorrerlas con variaciones y ritmos individuales. Eso no significa que cualquier diferencia deba ignorarse: una pérdida de habilidades, una asimetría marcada o una preocupación persistente justifican consultar con un profesional. Pero tampoco significa que un bebé que todavía no llegó a determinada postura necesite automáticamente más ejercicios o más intervención.
Ahí aparece una de las dudas que más culpa generan: “¿Y si no lo ayudo lo suficiente?”. Muchas madres y padres sienten que observar es hacer poco, que esperar es desentenderse o que permitirle intentar algo sin resolverlo enseguida es una forma de dejarlo solo. Pero movimiento libre no significa abandono. El adulto sigue estando presente, cuida, prepara el espacio, responde a las señales del bebé, lo alimenta, lo cambia, lo consuela y actúa ante un riesgo. Lo que cambia es la forma de intervenir sobre su movimiento: no necesariamente organiza cada postura ni completa automáticamente cada acción que el bebé estaba intentando realizar.
Si querés saber como acompañar respetuosamente el desarrollo de tu bebé en cada etapa de 0 a 24 meses, descargá la Guía de Movimiento Libre. Es gratuita y tiene micro-acciones concretas por edad.
¿Cuándo estoy ayudando y cuándo estoy haciendo por él?
Esta es probablemente la pregunta más difícil, porque no existe una fórmula que sirva siempre. Imaginá nuevamente el juguete. Está cerca, pero el bebé no llega. Podrías entregárselo, acercarlo apenas o esperar unos segundos. Ninguna de esas decisiones puede evaluarse aislada de la situación. Si el objeto quedó realmente demasiado lejos, moverlo un poco puede devolverle una posibilidad. Si el bebé está cansado, incómodo o busca contacto, levantarlo no interrumpe su autonomía. Pero si completamos automáticamente cada acción antes de observar qué estaba intentando, podemos perder la oportunidad de descubrir cuánto podía resolver por sí mismo.
El guion del movimiento libre plantea una diferencia especialmente útil: ayudar conserva una parte de la acción en manos del niño; reemplazar significa completar el proceso antes de observar qué estaba intentando hacer. Esa diferencia es mucho más interesante que una regla rígida del tipo “no ayudar nunca”. Criar no consiste en quedarse inmóvil esperando que el bebé resuelva absolutamente todo. Consiste en aprender a leer cuándo necesita presencia, cuándo necesita ayuda y cuándo quizá necesita unos segundos más.
La culpa puede hacernos intervenir demasiado rápido
Hay otro factor que pocas veces se menciona: ayudar también calma la ansiedad del adulto. Cuando vemos al bebé esforzarse, frustrarse o tardar, sentimos la necesidad de solucionar la escena. Es incómodo verlo intentar algo sin saber si podrá lograrlo. A veces acercamos el objeto no porque realmente lo necesite, sino porque nosotros queremos terminar con esa pequeña tensión. Lo mismo puede suceder cuando lo sentamos rodeado de almohadones o intentamos llevarlo hacia una postura que todavía no alcanza solo. Desde nuestra mirada parece que estamos facilitando el aprendizaje; sin embargo, una postura final no cuenta toda la historia.
Por ejemplo, sentar a un bebé le permite estar sentado, pero eso no significa necesariamente que haya construido el recorrido corporal para llegar hasta allí. El aprendizaje también está en organizar apoyos, trasladar el peso, controlar el equilibrio y descubrir cómo entrar y salir de una posición. Esa parte suele ser mucho menos visible y, justamente por eso, puede pasar desapercibida.
Tal vez el cambio más importante no sea hacer más cosas, sino mirar de otra manera. Empezar a notar una mano que encuentra apoyo, una pierna que participa por primera vez, un giro que se vuelve un poco más organizado o un bebé que se detiene, observa y vuelve a intentar. El desarrollo no ocurre únicamente el día en que finalmente se sienta, gatea o camina. También ocurre durante todos esos pequeños ajustes previos. Cuando empezamos a verlos, dejamos de sentir que nuestro bebé “todavía no puede” y empezamos a descubrir todo lo que ya está aprendiendo.
De Pena, Lucía & Diez, Mariana; Fundamentos del desarrollo psicomotor. Manual Didáctico, Universidad de la República, Uruguay, Comisión Sectorial de Enseñanza, 2023 ``.
Ministerio de Educación de Perú; Guía para el desarrollo psicomotor de las niñas y los niños de los PRITE, Dirección General de Servicios Educativos Especializados, 2023 ``.
Ministerio de Educación Nacional de Colombia; Desarrollo infantil y competencias en la Primera infancia, Corporación niñez y conocimiento, 2009 ``.
Asociación de Montessori; Vacaciones con Montessori 3 años, Edición pedagógica.
Stamm, Joan; Neurociencia Infantil. El desarrollo de la mente y el poder del cerebro de 0 a 6 años, Ed. Narcea, 2019 ``.
Por Gaby Vázquez — Fundadora de Club Oveja Negra. Docente especialista en Neuroeducación.
🧡 Visitá nuestra web: Somos Club Oveja Negra
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Entradas populares
Cómo funciona el cerebro del bebé (explicado sin palabras técnicas)
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Por qué el piso es el mejor lugar del mundo para tu bebé
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps



Comentarios
Publicar un comentario